¿Cómo ha influido la tecnología en la gestión de los estudios jurídicos?

Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista Qué Pasa, en su Edición Especial de Abogados, el viernes 27 de abril de 2018. Puedes leer la entrevista original aquí.

Hace 30 años, cuando un encargo llegaba a un estudio jurídico, el proceso en que los abogados recopilaban los documentos, los revisaban y se reunían con los clientes, podía tomar fácilmente un mes. Hoy, gracias al avance tecnológico, ese proceso se ha acortado con el uso de softwares de seguimiento de causas, control de facturación, videollamadas, contratos inteligentes y due diligence, entre otros, optimizando el tiempo y generando eficiencia.

Para el abogado José Ignacio Ovalle, especialista en telecomunicaciones y miembro de la firma Barros & Errázuriz, los estudios que hoy no integran tecnología tienen sus días contados. “Como profesional, no puedes dejar de tener un servicio que permita integrar tecnología, calidad y rapidez en el trabajo diario”, asegura.

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La incorporación de la tecnología

Tal como ha pasado en otros rubros, la incorporación de la tecnología en los estudios jurídicos ha permitido que dejen de hacer manualmente algunas tareas administrativas, asignándoles esas funciones a las máquinas. De esa manera, los abogados pueden abocarse de lleno a temas legales que requieren de más precisión. Entre las alternativas disponibles, varias compañías entregan servicios informáticos como relCase, que realiza seguimiento de causas jurídicas, ANIDA Latam que permite almacenar grandes archivos en internet en la nube, TimeBilling que mejora la rentabilidad de los negocios, y Darts-ip, cuyo sistema revisa el nivel de influencia internacional de algunos estudios jurídicos.

La empresa chilena Lemontech –que además está presente en otros 17 países de Latinoamérica– presta servicios en el rubro tecnológico a abogados, y su CEO, Fernando Leñero, cuenta que la implementación de tecnología en los estudios permite gestionar, por ejemplo, la productividad de los profesionales en relación con las horas de trabajo. “La única unidad de medida en la industria de servicios profesionales es la hora hombre, por lo tanto, no hay manera de evaluar los costos de un proyecto o la rentabilidad si no se conoce cuántas horas son las que se invierten en cada proyecto”, dice Leñero.

Paola Bruzzone, socia de B&G Abogados, coincide en que la implementación de la tecnología en los estudios jurídicos “ya no es tendencia, sino que es una realidad”. De esa manera, complementa el socio y encargado de la dirección estratégica de Alessandri Abogados, Cristián Pérez, que al utilizar tecnología “uno entrega un servicio de alto nivel, con una menor inversión de tiempo que puedes aprovechar para tener ventaja desde el punto de vista de los precios para los clientes”.

Pero mientras en Latinoamérica, todavía existe la percepción de que algunos servicios tecnológicos son inseguros, dice Fernando Leñero, en Estados Unidos van un paso más allá.

La inteligencia artificial se ha implementado cada vez más en los países desarrollados, con servicios como los smart contracts, un sistema desarrollado a través de blockchain –sistema de codificación de información, la misma tecnología que está detrás de la criptomoneda bitcóin– que funciona como un robot virtual que toma información de una base de datos determinada para ejecutar contratos, evitando la interpretación de un abogado para ese documento.

Otra herramienta es Jurimetría, una aplicación de la compañía Wolters Kluwer y Google, que permite que un abogado tome decisiones procesales rápidamente, basadas en el análisis cognitivo de millones de resoluciones judiciales anteriores, y desde diversos enfoques, teniendo en cuenta, además, cómo los tribunales han fallado en causas similares.

Entonces nace la pregunta de si el avance tecnológico podría reemplazar a los abogados en algún momento. José Ignacio Ovalle, de Barros & Errázuriz, se muestra confiado y explica que esta tecnología solo es una ayuda al trabajo profesional. “La inteligencia artificial no va a reemplazar al humano en ninguno de sus aspectos, sino que procesos, actividades, etapas o cadenas de producción”, dice. “Eso sí –asegura–, nos va a conducir a bloquear ciertas características de nosotros, porque vamos a aprender a desligar”.

En ese sentido, Paola Bruzzone explica que los profesionales altamente calificados no serán reemplazados por la tecnología. “Se deberán apoyar en las herramientas tecnológicas existentes para dar un servicio más rápido, eficiente y a un menor costo para el cliente”, sostiene Bruzzone.

Sin embargo, para algunos, nuestro país está lejos de la implementación de inteligencia artificial como ocurre en Estados Unidos. Según el socio administrador de la firma de abogados Carey, Jaime Carey, para el tipo de trabajo que hace la mayoría de los estudios grandes en Chile todavía no está hoy la necesidad de usarla, debido a la ausencia de negocios de grandes volúmenes que justifiquen la inversión en esta tecnología. “El requisito es tener volumen, y el mercado chileno es pequeño”, explica.

De todas maneras, todos coinciden en que la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías no serán una amenaza para los abogados. Al respecto, Paola Bruzzone explica que son una oportunidad.

“Podemos ser muy útiles para nuestros clientes si ponemos nuestra experiencia y criterio al servicio para obtener el mejor provecho que estos cambios puedan representar para los negocios de los clientes”, sostiene.

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