“The Good, the Bad & the Ugly”: Plan de Negocios y Rankings Legales

Para los estudios jurídicos con casos en Latinoamérica, febrero marcó un hito: se despacharon las postulaciones a Chambers and Partners y de The Legal 500.

El desahogo, sin embargo, fue breve. En marzo se deben enviar o subir las submissions a The International Tax Review y a Latin Lawyer.  Un par de meses después habrá que trabajar los casos de diferentes áreas de prácticas o de otros rankings.  Todo esto se traducirá en una valiosa revisión cualitativa del mercado de los estudios jurídicos en jurisdicciones clave del continente. 

La realidad de la postulación

Sí, la postulación es muy demandante para los equipos.  Las firmas suelen no dimensionarlo, sorprendiéndose con la cantidad involucrada de trabajo. En términos financiero-contables, es parecido a preocuparse del balance de fin de año,  tal como lo hace el 90% de las personas frente a sus balances, acudir al apoyo de especialistas es la solución más eficiente para los estudios jurídicos: les facilita la tarea, asegura una mejor comunicación de su quehacer  y trae aparejada mayor posibilidad de éxito.

Conjuntamente se revisará la información de los casos de cierto tiempo hacia atrás. Luego se buscará qué singularidad tienen estos y se elegirá de manera estratégica cuáles presentar al ranking.  Así, lo particular de un caso puede estar en la relevancia individual de un cliente, en la sofisticación y monto de trabajo que supuso ese holding para la oficina, en la importancia de una compañía en el contexto de una industria determinada, o en la existencia de un deal cuya cuantía asciende a varios millones de dólares.

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Que el caso provoque nueva jurisprudencia puede ser un plus. Los editores de rankings se podrían detener, asimismo, frente a materias que están dando qué hablar, en propiedad intelectual o en lo digital (blockchain, bitcoin);  si los casos se relacionan a la  privacidad y drones, o si, en estos tiempos de furiosa difusión vía RSS, se tiene un doctorado en Compliance.

Para qué decir lo vistosa que es la conquista de clientes de la Nueva Economía (léase fintechs, insurtechs y apps o plataformas de todo tipo), algo perdidos, los pobres, ante los meollos regulatorios y/o la ausencia total de reglas. 

Dejando de lado tácticas para sobresalir en un ranking, trabajar una postulación representa una forma muy pertinente y estratégica de darse a conocer desde el contenido, mostrando el nivel de asesoría jurídica, así como la complejidad y cuantía de los casos.  Aparecer en un ranking, por lo tanto, supone una suerte de sello de calidad tanto para los clientes existentes de un estudio jurídico como para los potenciales.

Lo bueno, lo malo y lo feo

Pero hay otro aspecto que no es evidente. Al igual que sucede con un balance, para los estudios jurídicos el proceso de postular a un ranking cumple la función de un registro. Es una foto con lente macro, que permitirá observar de cerca “the good, the bad & the ugly” (lo bueno, lo malo y lo feo).  Ayuda a revisar cómo andan de reputación e ingresos, cuáles son las fortalezas y debilidades del bufete y cuál es el valor agregado de sus servicios, entre tantos aspectos.

A la vez, influirá en una súbita alza de honorarios cuando el estudio se percate de que el cliente exige en realidad una alta carga de trabajo y paga tarde o mal. Igual de útil será para verificar el desempeño de los abogados, con medición de horas y productividad incluida. 

A fin de cuentas, no es “culpa de la casualidad” que a la competencia le esté yendo mejor o que varios abogados de la oficina hayan querido abandonar el barco. Para los socios Senior o el managing partner de un estudio jurídico, enfrentar un ranking equivale en definitiva a una provechosa oportunidad de evaluar, de medir, y de analizar cómo andan los distintos aspectos del plan de negocios. Mostrará sin equívocos qué se requiere: solo un  fine tuning del funcionamiento de la firma, ajustes mayores, o un cambio de estrategia.

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