Mercado y marketplace

A diferencia de lo que suele pensarse, los mercados no son fenómenos estrictamente naturales. Al contrario, son instancias de intercambio que solo emergen y funcionan cuando un conjunto específico de regulaciones permite realizar transacciones con niveles de seguridad y eficiencia altos, que incentiva a concurrir a ellos e intercambiar bienes y servicios. 

Existen muchas formas de producción y distribución de bienes, pero solo en algunas de ellas surgirá el mercado como principal asignador de recursos, mientras que en otras esto no será así. Usualmente se requiere la existencia de una forma de depósito y circulación de valor, que solemos llamar dinero, el reconocimiento de derechos exclusivos o preferentes a particulares sobre los bienes que se transan, es decir, una especie de propiedad, y formas de intercambio reconocidas por la comunidad, con consecuencias predecibles y exigibles; esto es, contratos.

Es decir, el mercado es consecuencia del desarrollo de formas jurídicas que posibilitan su funcionamiento, por lo que todo mercado requiere regulación para su existencia. En sociedades sin formas de conservación y circulación de valor, sin apropiación privada de bienes o sin mecanismos contractuales, los mercados simplemente no emergen o, en caso de hacerlo, son de carácter marginal.

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¿Estado o mercado?

Existen históricamente muchas formas sociales que podemos identificar como sociedades sin mercado o con mercados muy restringidos a ciertos productos, justamente porque la ausencia de requisitos regulatorios impiden la emergencia de centros de intercambio. El resultado suele ser la predominancia de formas económicas simples, como en las sociedades tribales y jefaturas, donde cada individuo produce todas las cosas que requiere, toda vez que es la emergencia de mercados la que permite la especialización de la producción y la complejidad económica. Las sociedades que carecen de un regulador que tome sobre sí tales labores, no pueden construir mercados, y es por ello que estos normalmente emergen en sociedades con una autoridad central. Las sociedades más intensamente mercantiles de la historia son justamente aquellas que se organizaron para crear la forma de autoridad central que llamamos Estado en Europa Occidental a comienzos del siglo XVI.

Fue el Estado, en este sentido, el que posibilitó la Revolución Industrial del siglo XVIII y que mantiene una red de intercambios libre en un espacio geográfico entregado a su administración mediante un Derecho común a toda la comunidad que lo habita. En pocas palabras, el dilema no es Estado o mercado, sino que es justamente el Estado, con su estructura jurídica, lo que permite la emergencia del mercado.

A comienzos de la década de los noventa, con el debut de mundial de internet, esta aparecía como un espacio desregulado, donde se intercambiaban ideas, pero no existían mecanismos eficientes para movilizar recursos a escala internacional, ni habían garantías de cumplimiento de los acuerdos en línea. En este sentido, la propia anomia de este medio militaba en contra de su conversión en un espacio de intercambios, toda vez que dicha ausencia regulatoria implicaba que un riesgo económico para quienes se aventurasen a realizar intercambios en sus oscuras aguas.

Mercado y Marketplace

En pocas palabras, no había mercados en la red, porque no existían mecanismos regulatorios básicos para su puesta en marcha. Fue la aparición de los marketplaces lo que vino a alterar sustancialmente la estructura de la red y a convertirla en un boyante epicentro de intercambios. Los marketplaces como e-Bay, Amazon, AirBnb y demás, ofrecían un espacio más pequeño donde se podrían ofertar y demandar bienes y servicios con un administrador del entorno que actuaba como regulador. Así, un administrador central se hace responsable de la ejecución de los acuerdos alcanzados en la red, de manera que un incumplimiento puede devenir en la exclusión del mercado a los morosos, y solo a los actores que mantengan un grado de fiabilidad alto se les permite participar.

¿Por qué se opta por AirBnb en lugar de recurrir a un simple anuncio en la red? Porque en AirBnb hay una entidad que domina el espacio y garantiza el cumplimiento riguroso del acuerdo, y, en resumen, que vela por la limpieza del mercado. Los gigantes del retail no logran desbancar a estos marketplaces, toda vez que ellos son menos confiables que tales espacios, y ante un incumplimiento por parte de una multitienda, el consumidor es condenado a llamadas telefónicas irritantes donde nadie tiene interés en hacer cumplir el acuerdo prometido.

Regulación virtual y Estado

En Amazon o e-Bay, en cambio, el problema es solucionado rápidamente, porque tal entidad vela por regular ejecución de los acuerdos, hoy en día a través de mecanismos de online dispute resolution (ODR), que potencian los intercambios por la efectividad de su intervención. Se opta por estas plataformas porque son confiables, lo que les entrega un rol paraestatal en la red.

En pocas palabras, los marketplaces son el resultado de la ausencia regulatoria en internet, su emergencia y crecimiento es el resultado directo de las deficiencias regulatorias en materia de consumo y su dominancia está garantizada por la ineficacia del Estado nacional como regulador virtual. Si la actual internet está dominada por un pequeño grupo de gigantes, esto tiene que ver con el hecho de que tales entidades actúan como reguladores del mercado, excluyendo al mismísimo presidente de los Estados Unidos si es que no se aviene a cumplir con sus disposiciones.

Estas, entonces, son lecciones importantes a la hora de evaluar las actuales regulaciones dirigidas a medios tecnológicos.

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