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Antes de la IA, el talento: la arista que falta en la conversación legal

Escrito por Marie Silva | Oct 26, 2026, 7:55:35 PM

Qué herramienta elegir, qué tareas puede asumir, qué tan rápido avanza. Hablar de inteligencia artificial hoy es parte de la rutina en el mundo legal y es lógico, ya que su adopción es una realidad en la industria.

De hecho, según el Índice de Madurez Tecnológica Legal 2026, elaborado por LemonTech, junto a KermaPartners y la Universidad Panamericana, 74% de los despachos participantes ya implementó alguna herramienta de IA y uno de cada cinco la usa todos los días.


En la región, el foco también está puesto en la tecnología. El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2026, de la Cepal y el Cenia, dado a conocer el 20 de octubre, volvió a ubicar a Chile en el primer lugar por cuarta vez consecutiva, con 71,4 puntos; Brasil y Uruguay completan el podio.

Pero hay una arista que pocas veces entra en la conversación: las personas detrás de esa tecnología.

Chile lidera, pero con brechas en las personas

Estar primero no significa tener todo resuelto, y el propio índice lo deja ver.

Chile destaca en conectividad y en investigación, desarrollo y adopción. Pero en formación profesional en IA quedó séptimo en la región, con 14 puntos sobre 100. En presencia de habilidades de IA sí está entre los mejores: segundo lugar, con una concentración de 0,36% entre los trabajadores registrados en LinkedIn, sobre un 0,27% regional.

En las empresas, el uso de IA en la producción llega al 13,5% de las firmas chilenas; Uruguay alcanza 16,5%. Y el tamaño pesa: la adopción es de 42,1% entre las grandes, 19,5% entre las medianas y 10,3% entre las pequeñas.

Son datos del conjunto de la economía, no de equipos legales. Pero muestran que tener la infraestructura no garantiza que las personas estén preparadas para usarla, y ahí se juega buena parte del resultado.


La preocupación en torno a la IA

En el caso de los abogados, esa preparación no depende solo de la capacitación, también importa cómo viven el cambio.

La duodécima edición del Termómetro de la Salud Mental, de la Asociación Chilena de Seguridad (Achs) y el Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales, mostró que el 23% de los trabajadores del país se sintió altamente estresado ante la posibilidad de que la automatización o la IA afectara su estabilidad laboral o la de alguien de su hogar. Un 25% declaró lo mismo frente a la posibilidad de perder su empleo, 5,3 puntos porcentuales más que en 2025.

Son datos de la población trabajadora en general, no de equipos legales, pero describen un clima que difícilmente es externo a la industria.

Los propios autores advierten que el Termómetro es descriptivo y no establece causalidad directa. Sentir temor a perder el empleo no es lo mismo que perderlo, y la IA aparece como una fuente de incertidumbre entre varias. Según Paulina Calfucoy, gerenta de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de la Achs, las cifras reflejan que la incertidumbre laboral, las exigencias económicas y los cambios tecnológicos están ocurriendo al mismo tiempo, tal como informó Diario Financiero.

El temor está y merece atención, pero no es evidencia de que la IA vaya a reemplazar a nadie, y menos a quien ejerce una profesión basada en el Derecho.

Al respecto, M. Amparo Iriarte, de LYI, sostiene que “Incorporar IA no es solo un desafío tecnológico o de capacitación. También obliga a los estudios a revisar cómo organizan el trabajo, qué responsabilidades le dan a sus abogados y qué capacidades necesitan desarrollar. Es importante aprovechar la tecnología para liberar tiempo, fortalecer el criterio profesional y dar espacio para que los equipos se concentren en lo que aporta valor a los clientes”.

Para un abogado, estar preparado no es solo saber manejar la herramienta. Es tener el criterio para decidir qué tareas delegarle, qué resultados revisar y cómo responder por lo que se firma. Esa preparación es lo que convierte el temor en capacidad de decisión.

Mediciones distintas, en países y poblaciones distintas, apuntan a la misma pregunta ¿estamos mirando solamente la herramienta, pero dejando fuera a quienes están detrás de ella?

Adoptar sin medir

El Índice de Madurez Tecnológica Legal 2026 muestra otra brecha. Al adoptar IA, el 73% de los estudios no tiene visibilidad de sus métricas clave de negocio y el 43% opera sin indicadores o con indicadores muy básicos. En las firmas pequeñas y medianas, más de la mitad del tiempo del abogado se va en tareas administrativas.

En este sentido, Maximiliano Amor, director de negocios de LemonTech, comenta que “esto nos dice que muchas veces se incorpora tecnología sin saber qué se quiere mejorar ni cómo medirlo. Si no medimos, no sabemos si la IA está liberando tiempo para el trabajo jurídico o solo sumando una herramienta más”.

La IA actúa sobre tareas, no sobre el rol. Entre los usos más frecuentes que reporta el Índice están la investigación jurídica, la traducción de documentos, la redacción y revisión, y la síntesis de información. Son tareas de insumo, que alimentan una decisión que sigue siendo humana.

Lo que el cliente contrata es otra cosa: criterio para elegir la estrategia, comprensión de su contexto y un profesional que responde por lo que firma. Una herramienta entrega un borrador, sin embargo quien responde ante el cliente y el tribunal sigue siendo el abogado.

Y la calidad profesional multiplica el resultado. La IA no valida su propio trabajo. Requiere a alguien capaz de detectar un error, contrastar una fuente y juzgar si la respuesta sirve. Ya hay casos en el mundo de escritos con jurisprudencia inexistente generada por IA. La misma herramienta rinde distinto según quién la usa, y por eso la formación es clave.

El talento, lo que no se automatiza

Lo que sí cambia es qué hace el abogado con su tiempo. Si más de la mitad se va en tareas administrativas, ahí está el espacio que la IA puede liberar. Para aprovecharlo hace falta capacitar, medir y ser claros con los equipos sobre qué cambia y qué no.

Lo mismo vale a escala país: el ILIA señala brechas de formación y de adopción, y cerrarlas es parte de sostener el liderazgo que hoy muestra Chile.

La IA es una herramienta. El talento sigue siendo lo que hace valioso a un despacho.