“Bye bye Baby, Baby Goodbye” y la Affectio Societatis

La Affectio Societatis o ánimo societario es requisito de la esencia para que exista una sociedad, enseñan en Derecho Comercial. Qué pasa, entonces, cuando este ánimo flaquea o deja de existir, ¿causa o no la disolución de este contrato? Esta típica pregunta de examen de pregrado, está complicando a varios estudios jurídicos, pues se aprecia cierta volubilidad en el ánimo societario interno.

De hecho, los últimos rankings internacionales transparentan cómo se han estado moviendo las piezas, a veces peligrosamente, en este competitivo juego de ajedrez que son las relaciones entre los estudios y sus integrantes. 

¿Cómo hacer para que no emigre a la competencia toda un área de práctica de un estudio o para que las personas clave a las que se dedicó tiempo de formación no deserten y armen sus propias oficinas, mientras de fondo se escucha, con cierta nostalgia, a Frankie Valli & The Four Seasons, entonando “Bye Bye Baby, Baby Goodbye”?

Algunos estudios suelen seguir al pie de la letra una estrategia sobre la que se ha escrito mucho en materia de legal management, la de Paul Cravath, fundador de Cravath, Swaine & Moore (CS&M). Según esta, se pone, primero, mucho énfasis en el reclutamiento. Luego, comienza un trabajo colaborativo y de mentoría, que ayuda a que el o la recién llegado/a también encuentre su lugar en casos complejos.

Hay oficinas, en tanto, que no otorgan tanto peso a este proceso de captación de talento y se preocupan menos aún de qué pasará después con los nuevos integrantes. Se los/las asigna simplemente al área de práctica dónde hace falta gente y se les delegan tareas simples para, de a poco, dejarlos/las volar solos. El problema, decía Cravath, es que esto último es poco eficiente. La inmersión en casos complejos, divididos en múltiples tareas más pequeñas, junto con el monitoreo de cerca por un socio y unos pocos asociados seniors, suele provocar entusiasmo y un aprendizaje más rápido —además de una cuota de intenso trabajo. Para el fundador de CS&M, era importante que recién llegados rotasen por las distintas áreas de práctica, fomentando un enfoque generalista y colaborativo de los casos, eliminando igualmente incentivos monetarios relacionados con una sola área o un solo caso. 

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Affectio Societatis lábil

En Cravath se aprecian a los mejores egresados/as de las mejores universidades. En resumen, llega el nec plus ultra. Además, se toman en cuenta aptitudes personales del candidato: como la pasión por el derecho, el trabajo arduo y minucioso, el compromiso con los clientes. Paul Cravath apreciaba la meticulosidad llevada a su máximo y en el camino para llegar a ser socio aplicaba el aforismo de las universidades con sus investigadores “Publish or Perish” (publicar investigaciones en revistas indexadas o irse), en este caso “Up or Out”. 

Hoy, grandes y medianos estudios del continente están desorientados. El método Cravath es ajeno a las nuevas generaciones que priorizan el tiempo de ocio, viajar, trabajar por una causa, ascender y aumentar ingresos rápidamente, además de permanentes desafíos. Entonces el reto es cómo entregarles incentivos correctos e integrarlos en las decisiones del estudio, con reglas claras para que no escape la Affectio Societatis, barriendo con la lealtad esperada. 

A decir verdad, estas pretensiones son actualmente transversales a las generaciones por lo que habría que incluir a todos los que buscan calidad de vida y/o mayor equidad monetaria. También, a las abogadas que se aburrieron de ser invisibles entre tanto Club de Toby latinoamericano.  

Ambiciones y sueños vs frustraciones y decepciones

Las nuevas generaciones tienen ambiciones distintas, sueños y ganas de enfrentar nuevas apuestas. Quienes ofrecemos servicios de reclutamiento legal escuchamos con frecuencia a los/las postulantes mencionar requerimientos como “libertad”, a veces asociado a “variedad” y a “responsabilidad”. Por ejemplo, no quieren quedar encasillarse necesariamente en un área de práctica y les gusta la posibilidad de aprender diversas especialidades dentro del estudio.

Sus motivaciones significan que pueden empezar en un estudio, irse a la fiscalía de alguna empresa, y luego volver con más experiencia. O, entre medio, pueden trabajar para el Estado, en alguna repartición de gobierno que suponga una buena experiencia en Derecho Público, en Medioambiente, en Minería, en Derecho Laboral, en Familia, en el sector Inmobiliario, etc., y aporte al prójimo. Lo que definitivamente suele estar a flor de piel es la sensación de que pueden dar más que lo que les piden o de que a veces reciben menos de lo que en justicia les parece. Por lo mismo, aprecian bastante cuando los estudios están dispuestos a apostar por ellos. Así, algunas oficinas les dan la posibilidad de trabajar un semestre o un año en algún estudio internacional y/o facilidades para estudiar un postgrado.  

Con los softwares de productividad actuales, no es razonable creer que existe una muralla china entre los socios y el resto ni que la información no circula al interior de los estudios. En los tiempos actuales, esta fluye a toda velocidad. Por lo tanto, los reconocimientos monetarios que no llegan, lo hacen tarde, favorecen a unos y a otros no, inclinan definitivamente la balanza a la hora de cambiarse al estudio competidor, del que todos saben, igualmente, cómo funciona.  El aguante para frustraciones o decepciones tiene un límite indudablemente más bajo que el de antes. 

El capital humano de un estudio es su verdadera riqueza. El proceso de reclutamiento, formación y la retención del equipo jurídico debe pasar por una estrategia seria, sólida y due diligence previo. Si no se hace esto con el rigor que gustaba a Paul Cravath, en estos tiempos de lealtad esquiva los socios podrían no estar atentos a que a lo lejos se escucha el tema de Frankie Valli. Ni darse cuenta de que en cualquier momento podrían verse obligados a tararear, disimuladamente, el viejo hit de Supertramp “Don’t Leave Me Now”.

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