¿Qué lleva a un socio a tomar la decisión de abandonar su estudio?

Este artículo fue redactado para El Mercurio Legal.

“… No es suficiente una relación de afecto y confianza para dar estabilidad a una sociedad, se requiere, también, de un proyecto común que posibilite que cada profesional pueda desarrollar razonablemente su actividad a satisfacción…”.

Es razonable concebir que toda sociedad tiene cambios en su composición a través del tiempo. En las empresas en general, frecuentemente, se producen cambios. Por ejemplo si observamos las empresas familiares, se incorporan las nuevas generaciones, se profesionaliza la gestión incorporando nuevos socios, se dividen los negocios, se compran nuevas empresas, se fusionan unas con otras, se separan sociedades según integrantes de familias que prefieren seguir caminos separados. La globalización, en estos casos, también juega un rol que produce un dinamismo en la composición de las sociedades y ha ido complejizando en desarrollo de éstas en el tiempo.

En el ámbito de los servicios profesionales también se producen fenómenos similares, en los que el crecimiento, la profesionalización de la gestión, la globalización han afectado al desarrollo de las sociedades de profesionales, incorporando variables que impactan al affectio societatis de éstas, generando un cambio significativo en los estudios de abogados, en particular.

Simplificando el análisis se puede decir que en el pasado los abogados se asociaban por razones familiares o por afinidad profesional; decidían formar una oficina que les permitiera ofrecer servicios a sus clientes cautivos, distribuir gastos y abordar algunos casos en conjunto. Se podía escuchar frases como: “Armemos una oficina más grande e invitemos a otros abogados para llenar los despachos y compartir nuestros gastos; así podemos acceder a clientes más importantes”. En esos tiempos primaba el affectio societatis en plenitud.

En la actual sociedad globalizada, más regulada, comercialmente más desarrollada, con un derecho público más intenso en su accionar, con requerimientos de los clientes cada vez más exigentes en especialidad, calidad y rapidez las relaciones entre socios se hacen más vulnerables.

Es frecuente escuchar el término animus societatis a cambio de affectio societatis “voluntad de formar sociedad en virtud de la confianza reciproca entre los socios que la integran” (Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales). Es una diferencia sutil pero a la vez muy significativa. Veamos definiciones que nos permitan recoger la diferencia:

Ánimo: Fuerza moral y energía que impulsan a la actividad.

Afecto: Inclinación a una persona o cosa.

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Podemos apreciar que ánimo se asocia con la actividad y el afecto con las personas.

Esta diferencia es determinante en las relaciones societarias actualmente. Podríamos decir: “Affectio societatis se sustenta en la confianza mutua y en la posibilidad de desarrollar mi actividad profesional como cada uno la concibe (animus societatis)”

Por lo que podemos concluir que no es suficiente una relación de afecto y confianza para dar estabilidad a una sociedad, se requiere, también, de un proyecto común que posibilite que cada profesional pueda desarrollar razonablemente su actividad a satisfacción.

Considerando lo dicho, puedo decir, a partir de mi experiencia, que el desarrollo de una actividad a satisfacción considera varios factores que lo determinan:

  1. Concordar un modelo de estudio o visión compartida por sus socios: Esta definición determina aspectos fundamentales de la actividad entre los cuales se encuentran (forma de entregar el servicio: personalizado o institucional; especialidades a ofrecer; tamaño de estudio, características de los clientes a atender, distribución del trabajo, etc.)
  2. Definir un modelo político del estudio: La orgánica de toma de decisiones influye en animus societatis de los socios
  3. La definición del modelo de reparto de excedentes. El animus societatis considera la necesidad de que cada socio perciba que es compensado de acuerdo a su aporte efectivo al desarrollo del estudio, comprendiendo que los aportes son profesionales, económicos y cualitativos.
  4. La concordancia en la estructura valórica del estudio, respecto del trabajo ético-profesional, de las relaciones interpersonales y de los liderazgos internos.

También es posible encontrar, en algunos casos, que los conflictos de interés pueden limitar el accionar de un socio en particular, lo cual impide el desarrollo de su actividad a satisfacción, especialmente en estudios de gran tamaño, trayendo consigo el retiro de un socio de la sociedad, con el fin de liberar su accionar.

Finalmente, el affectio-animus societatis está sometido a muchas variables que la afectan, y por tanto es vulnerable a los cambios permanentes del entorno.

Se suma a lo anterior que las principales razones que generan salida o ruptura societaria son:

  1. He observado con alta frecuencia que el affectio societatis se deteriora cuando entre los socios se percibe una alto desnivel en la dedicación al estudio Se requiere de un trabajo permanente y de una voluntad de acuerdos sistemática para sostener un equipo societario cohesionado.
  2. Tener diferentes miradas respecto del estudio que se quiere construir tanto desde el punto de vista de qué ofrece como de como se establece un modelo societario que los convoque a todos.
  3. Ver que socios no practican los valores y/o no tienen comportamientos que buscan cultivar en la sociedad de profesionales.
  4. Pérdida de la valoración profesional respecto de socio(s).
  5. Modelos de reparto de utilidades que no satisfacen a los socios.

En síntesis, los estudios deben buscar formas creativas que le permitan, en la medida de lo posible, crear los espacios de desarrollo profesional de su equipo, considerando como factor determinante la adhesión a los principios fundamentales del estudio de cada uno de sus socios.

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